Educación Cívica en Chile

Educación Cívica en Chile

fuente: https://www.bcn.cl/formacioncivica/presentacion

En nuestro país, desde un punto de vista histórico, el tratamiento bibliográfico de lo que hoy conocemos como educación o formación cívica transitó por tres etapas bien definidas a lo largo del siglo XIX, y que se proyecta al siglo siguiente. En una primera época, coincidente con la emancipación, Guerra de la Independencia y período de ensayos constitucionales (1810-1830), se escribió desorganizadamente desde el compromiso con la causa libertaria y con un profundo sentido ideológico, primero para darle un alma al movimiento revolucionario independentista y, luego, para orientar la organización de la República en ciernes. El vehículo de estos primeros escritos fue la prensa periódica fundamentalmente.

Una vez consolidada la Independencia, en la etapa de la construcción de las instituciones republicanas esbozadas en la Carta de 1833, se perdió la ideologización y los escritos se centraron en el ámbito educativo, tanto de los alumnos de las escuelas públicas, como del público general, traduciéndose ello en textos sucintos, con poco o nada de sustancia, salvo excepciones. Algunos periódicos y los almanaques dan cuenta de esto.

Hacia el último cuarto del siglo XIX, la Universidad de Chile dirige sus esfuerzos como supervigilante de la educación pública, en virtud de ello diversos manuales comienzan a abrirse paso; los diferentes textos de J. B. Suárez son una muestra de lo que se señala. Se concluye el período con la “Cartilla” del destacado parlamentario Malaquías Concha, obra de síntesis y que fija un hito en el tratamiento del tópico.

Así, la Formación Cívica tradicionalmente se ha centrado en la transmisión de conocimientos básicos que definen la vida republicana, el Estado de Derecho, el gobierno y sus instituciones. Hoy, esta ha evolucionado a una “formación ciudadana” (Cox, 2008). Se trata de un enfoque más amplio que junto con desarrollar conocimientos sobre el sistema de gobierno y la historia de un país, se encarga de fomentar habilidades y actitudes destinadas a perfeccionar la capacidad de actuar de un “ciudadano competente” para una participación cívica informada, crítica y constructiva. Esto ha otorgado mayor relevancia a ciertas temáticas, tanto para la educación formal como la formación continua (Mineduc, 2005), como derechos, deberes y garantías de diversos grupos sociales, la acción y organización política civil, los valores, predisposiciones y riegos del ejercicio democrático, entre otros.

En esta misma línea, en nuestro país, después de 18 años, la educación cívica ha vuelto a formar parte del currículo de enseñanza media. La ausencia de educación formal en la materia ha dejado en evidencia la carencia de habilidades para una ciudadanía activa y participativa, reflejada en los resultados obtenidos por los jóvenes chilenos en el marco de evaluaciones internacionales comparadas .

En este escenario y atendidas las circunstancias actuales, se hace imprescindible impulsar un giro histórico y llevar a cabo iniciativas que promuevan la Formación Cívica y el desarrollo de competencias ciudadanas para fortalecer el presente y futuro de la democracia como sistema de gobernabilidad y convivencia social. Esto representa un desafío de la nueva ciudadanía, más participativa y con mayor incidencia en la toma de decisiones colectivas del país.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *